lunes, 13 de marzo de 2017

BUSCANDO OVNIS.

Recuerdo, con una sensación entre nostálgica, un tiempo, en el colegio religioso situado en el barrio del Brillante, en Córdoba, donde empiezan las primeras estribaciones de Sierra morena, cómo estaba de moda el fenómeno OVNI en los medios de comunicación . Sería en primavera, pues se notaba en la exuberancia vegetal, el calor cordobés empezaba a picar y sobretodo  en el nerviosismo  y excitación que esta estación produce en nuestros organismos. Así, viendo ahora lo que viví en ese momento, lo voy a contextualizar: serían sobre las doce, y uno, más que atender en la clase lo que correspondiera, estaba esperando a que sobresaliera sobre el horizonte y por encima del perfil serrano, un OVNI en forma de cigarro puro… pero sobre todo lo que más impresiona ahora es el estallido físico y emocional que produce la primavera, y más cuando tienes 12 años, ésa edad en que la asilvestrada y efervescente naturaleza, provoca en los cuerpos la búsqueda de algo nuevo, atávico, primitivo, natural, se produce la madurez biológica, que no mental ni social, el descubrimiento del sexo como forma de “obtener” placer, y la abstinencia y autocontrol que el sistema educativo que ése colegio, y otros de la misma condición, exigía.
El despertar de la sexualidad en la adolescencia es particularmente importante, no tanto porque brote, que es intrínsicamente natural (somos animales) , sino por intentar taponarla, castigarla, oprimirla; y más todavía cuando la educación es en un colegio interno, unisexual, que se obvia lo evidente (el sexo), negando un discurso lógico, un dejar fluir, lo que convierte el sexo, visto ahora, en un asunto inexplicablemente oscuro desde la psicología. Lo que se  prohíbe, se busca de otra manera.


Diego.

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